Los beduinos y los rollos del Mar Muerto.
- Sissi Arencibia
- 13 oct 2022
- 3 Min. de lectura
Divisar las carpas beduinas, instaladas en el tramo desértico que baja del Monte de los Olivos hasta el Mar Muerto, fue uno de los recuerdos más tÃpicos con los que volvà de Israel.

Avistar una parte de esa tribu legendaria que vive apartada de todos, en medio del silencio, rodeada de rocas y palmeras, me dejó tan satisfecha como poder llegar al lago salado, considerado el punto más bajo de tierra firme.
Los beduinos son nómadas con corderos y camellos, que nacieron entre las dunas, cruzando el desierto con sus famosas caravanas.

De mis libros sabÃa que eran hombres simples, sencillos, con más valores de los que somos capaces de percibir y que vagan de un lugar a otro estremeciéndose por el frÃo en las noches y aceptando el calor del sol en cuanto descubren la mañana.
También que disfrutaban la libertad de vivir de esa manera y según su antigua costumbre daban cobijo a cualquier persona que llegara a sus lugares, ofreciéndoles un lugar donde descansar.
Son pastores descendientes del pueblo árabe, que van de un lugar a otro y son reconocidos como los auténticos moradores del desierto.
Llevan túnicas que cubren su cuerpo y usan ropa ligera para soportar el calor. Su hogar se limita a unas tiendas bajas, de forma rectangular, hechas con pelo de camello o de cabra, que enrollan por los lados para que circule el aire.
Mi vista se perdÃa entre aquellos asentamientos en una parte del tramo que bajas del nivel del mar para alcanzar ese lago con valores de salinidad diez veces mayores que los océanos.

Rodeado de una vegetación peculiar que combina especies de la costa mediterránea, la estepa asiática con las regiones desérticas de la penÃnsula de Arabia, El Mar muerto tiene unas cualidades medicinales que se remontan a tiempos bÃblicos.
Su barro negro, rico en minerales para fines terapéuticos, se conoce desde que el rey David y Herodes el Grande se refugiaban allÃ. Su salinidad imposibilita que puedas hundirte en sus aguas, a unos 400 metros por debajo del nivel del mar.
Es fronterizo con Jordania y su única fuente de agua proviene del rÃo Jordán.

Hoy el paÃs está dividido y se han trazado fronteras lamentables que dividen a israelÃes de palestinos. Los tramos que engloban a Jericó, una parte de la Jordania, incluyendo el rÃo Jordán, que alcanzas a divisar desde el autobús mientras desciendes, hoy son privativos de palestinos.
Pero narrar esos desvarÃos serÃa robarle la magia a ese trayecto que deja ver detrás de las plantaciones datileras, las famosas cuevas de Qumrán, donde vivieron las comunidades esenias y fueron encontrados los manuscritos del Mar Muerto.
Los pergaminos que dieron la vuelta al mundo estaban en vasijas y fueron hallados por pastores beduinos.
Cuentan que esos hombres entraron a las cuevas en busca de un animal perdido y de esa forma dieron con los rollos. Dicen que llevaron el contenido de las vasijas a un zapatero para aprovechar el cuero para sus sandalias.

El hallazgo es el descubrimiento arqueológico más importante del siglo pasado, en tanto se estima que existen unos 11 mil capÃtulos y un libro completo del profeta IsaÃas que fueron escritos en arameo antes y durante la época de Jesús.
Hay todo un museo en Israel dedicado a este descubrimiento en las cuevas de Qumrán, que son junto al fuerte de Masada uno de los atractivos históricos de la región.
Cuando escribo estas memorias recuerdo ese viaje como toda una revelación. En la jornada anterior habÃa tenido oportunidad de tocar los puntos de la VÃa Dolorosa, justo desde que sales de la Fortaleza Antonia, la primera estación de la VÃa Crucis.

En ese sacro trayecto, carcomido por el tiempo, estaba la historia de la condena, las caÃdas, las agonÃas, el calvario. Cada vez que ascendÃa y llegaba a una nueva estación, pensaba que la mejor manera de considerar la historia es reviviéndola.
Compilar estas notas que juntan en el tiempo a pastores beduinos con comunidades esenias, manuscritos apócrifos en los tramos desérticos del Mar Muerto, y al propio tiempo revivir el paso de Jesús por esta tierra, es de las cosas más emocionantes de mi travesÃa.