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La herencia de un mundo que no creí ver.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 2 horas
  • 4 Min. de lectura

Cerca de la costa turca del mar Egeo se encuentran las huellas de lo que fue una de las ciudades más prósperas de Asia Menor. Un asentamiento helenístico del siglo VIII a.c que dio nombre al pergamino y rivalizó en conocimiento con la ciudad de Alejandría.


Su nombre es Pérgamo y se le considera la cuna de esa técnica de escritura hecha sobre un material de cuero perfeccionado allí como alternativa al papiro y esencial para escribir durante los tiempos antiguos y la Edad Media.


La historia menciona la pericia de un antiguo rey al tomar los cueros de una vaca, estirarlos, secarlos y escribir sobre ellos, en una medida desesperada luego que los gobernantes ptolomeos bloquearan la exportación del papiro de Egipto.


Para reemplazar los quebradizos rollos extraídos de la fibra vegetal, soporte de escritura utilizado hasta entonces, inventaron la manera de sustituirlos por una especie de papel primigenio que a la larga se pudo empastar.


Del pergamino se derivaron las tapas, los códices y los copistas transcribiendo el saber del mundo.


Con 200 mil manuscritos, la biblioteca de Pérgamo se convirtió en la más importante del mundo conocido después de Alejandría, en la que se estima habían alrededor de 700 mil.

Derivado de todo eso, en ella también hay que buscar los orígenes del libro.



En sus límites se construyó el gran altar de Zeus, obra máxima del arte helénico, elaborado con enormes escalinatas, sólidas columnas y un friso que representa la lucha entre los titanes y los dioses del Olimpo.


Los relieves de ese mítico altar decoran hoy la reconstrucción erigida en el museo de Pérgamo de Berlín, adonde fueron enviados tras las excavaciones realizadas por arqueólogos alemanes en el siglo XIX.


Lo descubierto en el templo de la colina habla de su esplendoroso pasado, cuando los reyes de la dinastía atálida tuvieron la ambición de convertirla en una ciudad de la categoría de Atenas en tiempos de Pericles.


En épocas de Alejandro Magno, Pérgamo fue una de las conquistas más importantes de Anatolia y se dice que parte de sus tesoros sirvieron para erigir la biblioteca en cuestión.


Su historia -posterior al mundo helénico- hizo que la UNESCO la incluyera en el bien del Patrimonio mundial como Paisaje cultural de estratos múltiples.


Es singular como la historia misma nos lleva por esta geografía para entender. La meseta turca de Anatolia ocupa el 87 por ciento del territorio y es el punto nodal donde se unen los mapas de Europa, Asia y África.


Algunos de sus paisajes desafían la lógica, pero son responsables de que el país tenga 21 sitios patrimoniales registrados en el bien de la UNESCO.


Un pedazo de la historia de Grecia está en el occidente de esta nación. De un lado y de otro de ella pasaron civilizaciones e historias. Desde ella se contempló el recorrido de la humanidad misma.


Al narrar las historias de los reinos helenos de Asia Menor, siempre habrá que destacar lo venturosa que es la nación turca de que en sus límites cartográficos hayan caído ciudades de tanto valor.


En ella quedó el sitio donde estaba el vellocino de oro que estaba buscando Jasón y la legendaria Troya.



Por ahí empezó casi todo. Muchas de las historias del inicio de los tiempos, del panteón de los dioses griegos y de las hazañas de Hércules están concentradas en esa franja. De ahí la importancia de dedicarle espacio a ese tramo en esta segunda entrega.


Pérgamo fue una ciudad importante, influyente y avanzada para su época.


Además de ser un referente cultural, su fama en la etapa romana (posterior a la griega) viene de que allí se emplazó el santuario de Asclepio, un centro de curación y balneario, cuyos poderes terapéuticos hicieron que la ciudad se elevara al rango de metrópolis.


Los tratamientos allí combinaban prácticas médicas con masajes, baños termales y ejercicios físicos, además de rituales holísticos para sanar a los enfermos, utilizando técnicas de sanación que involucraban el cuerpo, la mente y el espíritu.


Considerado el primer hospital de Asia Menor, el centro tenía una alta reputación por sus técnicas avanzadas. Había un teatro, una biblioteca y un templo. Se trabajaba con la música y se interpretaban los sueños, para aquietar el alma de los enfermos.


El agua de sus manantiales se aprovechaba para poner todo tipo de medicamentos y esencias que la gente bebía y se curaba.


En esos tiempos la salud era un concepto holístico que tenía mucho que ver con el aire, el alma y los espacios de naturaleza para trabajar las emociones. En ese contexto la catarsis que generaba el teatro se consideraba esencial para la curación.


Su más afamado terapeuta fue Galeno, originario de Pérgamo ,y cuyos descubrimientos en medicina, farmacología y anatomía dominarían la ciencia durante los siguientes mil años.


Allí está el palo de Esculapio y el bastón con la serpiente que representa la sabiduría y el conocimiento médico.


Llegar a este tipo de espacios hace que sienta una complacencia interior enorme, porque la vida me permite llevarlos de ser estampas leídas en los libros de historia a ser curiosos sucesos de mi realidad.


Y eso tiene un valor enorme. Palpar la herencia del mundo en altares, monumentos, columnas que yo no creí ver, es el provecho más importante de mis viajes.


Ese es un lazo que no creo poder romper.

 

 

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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