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Viajando por las raíces del Cristianismo.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura


Los pueblos del Egeo son en sí mismos el capítulo más importante del ministerio del apóstol Pablo por el Asia Menor. Se dice que allí se escribió el evangelio de Juan y hasta Lucas completó su perspectiva sobre la vida de Jesús.


La conexión de la meseta de Anatolia con las raíces de la fe cristiana tiene en Éfeso uno de sus lugares más representativos por sus aires capitalinos, la fuerza de su iglesia y los asentamientos y santuarios bíblicos localizados en torno a él.


Desde la casa donde la virgen María se refugió tras la crucifixión de Jesús, el nacimiento de las primeras comunidades cristianas hasta los grandes concilios ecuménicos, hay todo un legado digno de ser contado en las tierras al oeste de Turquía.


Se trata de una franja conocida en la antigüedad como Asia Menor, con fuertes tradiciones helénicas y centros de culto a los dioses del panteón griego, que a lo largo de siglos fueron levantados allí.


Las muestras de devoción a Artemisa, Zeuz, Atenea, en acrópolis que se consideraron maravillas del mundo antiguo, convirtieron esa zona del Egeo en epicentro de redes comerciales y rutas marítimas importantes.


Pero también en focos ideales para la difusión de la fe cristiana y la expansión de esa corriente religiosa en su etapa fundacional, comprendida entre el año 30 d.c y el 325 d.c (la muerte de Jesús y el concilio de Nicea).


Ciudades como Antioquía y Éfeso fueron baluartes cristianos y lugares sagrados de peregrinación.


La casa donde María pasó sus últimos días es un santuario donde todo el que llega deja sus peticiones. De allí salieron las memorias recogidas por Lucas en su evangelio en tiempos en que acompañaba a Pablo en su ministerio por Asia.


A Pablo se le considera el precursor del cristianismo y parte de su labor más ferviente la desarrolló en la ciudad de Éfeso, con uno de los puertos más activos en el mediterráneo oriental en la época del imperio romano.


Aunque gran parte de la ciudad aún está bajo tierra, es uno de los sitios mejor conservados del Egeo.


Existen evidencias de que la región estuvo habitada desde el neolítico y en la dominación ateniense se convirtió en punto de encuentro de diversas culturas y religiones.


En medio de ese valle silencioso se alzó el templo de Artemisa, una de las maravillas del mundo antiguo, que atrajo peregrinos del Mediterráneo y representaba una importante fuente de ingresos de la ciudad.


Las crónicas refieren que el día en que nació Alejandro Magno, se incendió el templo de la diosa griega en Éfeso. Aunque para los sacerdotes locales supuso una catástrofe, el hecho se consideró un buen presagio para el Olimpo.


Ese mismo día se había prendido otra llama en el mundo, y ese niño, capaz de llegar a conquistar Oriente y alcanzar la mayor de las glorias, había sido bendecido con las propiedades del fuego.


Los vestigios de una de sus columnas junto a las ruinas de la biblioteca de Celso y la vía de mármol que conectaba el gran teatro con el ágora en la época romana cuentan de ese tiempo en que el lugar custodiaba miles de rollos de pergaminos.


Los vestigios de entonces desafían el tiempo, pero ese famoso templo convirtió a Éfeso en protagonista del trasegar de Pablo.


No es menos cierto que su desarrollo religioso posterior viene de esa diversidad, de su raíz pagana, y del profundo impacto que este hecho tuvo en la vida de la ciudad.


El templo de culto hacia una de las divinidades más importantes del panteón griego contaba con 127 pilares que sostenían el techo de una columnata de 60 pies de alto, símbolo del poder y la riqueza de la ciudad.


La veneración a Artemisa atraía a peregrinos del entorno y parte de la industria del sitio giraba alrededor de eso, razones por las que el misionero de las escrituras tuvo una prolongada estancia para enseñar la palabra de Dios y fundar la iglesia primitiva.


Al divulgar el evangelio, convirtió la iglesia en un centro de actividad misionera y la cabeza de las siete de su tipo fundadas en Asia menor.



La carta a los efesios es una de las más profundas y espirituales del nuevo testamento. Además de un llamado a la santidad, la fe y a que la iglesia sea vista como un cuerpo unido, sin divisiones, la epístola es un testimonio de amor y unidad.


Escrita por Pablo durante su cautiverio en Roma, el documento tiene un valor esencial para el mundo cristiano.


Eso hizo que Éfeso se mencione a menudo en las Escrituras. Hoy es un sitio privilegiado porque desde él se evangelizó a toda la provincia, debido a la accesibilidad y prominencia de la ciudad en la región.


Por eso las raíces de la fe cristiana hay que buscarlas en ese punto remoto del Egeo y también las misivas de uno de los principales propagadores de su mensaje que la historia recuerde.

 

 

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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