Un universo subterráneo de frescos y oraciones.
- Sissi Arencibia

- 28 may
- 2 min de lectura

Cada cueva del parque nacional de Göreme cuenta una historia distinta. Hay unas dedicadas a la meditación, otras a la enseñanza y otras al simple descanso. Pero en todas se siente esa presencia de antiguos monjes y pastores que hicieron de ellas su hogar.

Además de ser el corazón y el alma de Capadocia, se trata de un universo subterráneo de frescos y oraciones, con un alto valor de autenticidad en el mundo.

Por eso me acerqué por cielo y tierra, porque desde los globos tienes que admitir la habilidad de los aviadores para evadir los picos cónicos de ese terreno rocoso haciendo que la experiencia se vuelva fantástica e imperdible.
Pero desde tierra, agregas un valor añadido por el contenido rupestre hallado en esas cuevas y el importante legado artístico del período bizantino, que hacen de la parada en este valle de las cosas más trascendentes del viaje a Turquía.

Se dice que durante los primeros siglos del cristianismo, monjes y comunidades enteras excavaron en la roca sus iglesias, capillas y monasterios. Allí se conservan escenas bíblicas pintadas con pigmentos naturales.

Esa interacción humana en espacios naturales cuyo relieve está dominado por colinas agujereadas y formaciones esculpidas por la erosión natural del viento y del agua, hace de Göreme un área protegida por la UNESCO.

Hay vestigios que datan de la prehistoria y otros del siglo IV, cuando pequeños grupos de anacoretas excavaron celdas en la roca, de acuerdo con las enseñanzas de Basileo el Grande, obispo de Kayseri.
Dentro de sus agujeros hay pinturas con imágenes religiosas, símbolos y cruces esculpidas, revelando los primeros signos de actividad monástica en la zona, considerada un lugar de refugio y de culto.

Además de ser un museo al aire libre, es uno de los complejos de viviendas en cuevas más impresionantes y sustanciales del mundo. De eso habla la alta densidad de celdas excavadas.
Marcadas por la erosión y alteradas por el hombre durante siglos, las grutas sirvieron de asentamiento de antiguos hogares humanos y al propio tiempo de refugio ante las incursiones extranjeras en la región.

Hasta la fecha se han descubierto varias ciudades subterráneas con sistemas complejos de túneles y lugares de almacenamiento.

Tanto desde una perspectiva geológica como etnográfica, los sitios rupestres de Capadocia son fascinantes y todo ese testimonio asombra al viajero.

De acuerdo con criterios internacionales, las cualidades culturales y naturales que posee la región le otorgan un valor de autenticidad especificado en los criterios de inscripción del bien patrimonial de la UNESCO.
Puedo dar fe de que mezcla historia, misticismo y una belleza natural casi irreal. Allí se juntan valores, atributos, entorno histórico, forma, diseño y material, que hacen única a esta zona de Turquía.

Entre aquel laberinto de piedra hay frescos intactos del siglo XI. La penumbra protege los colores del tiempo y cada figura parece recién pintada.
En los senderos que se abren hacia los valles, la naturaleza se impone con su geometría imposible.
La experiencia allí no está solo en mirar el relato escrito en piedra, sino en escuchar el crujido del suelo bajo los pies, el eco del viento en las cuevas y hasta el suspiro del aire que alguna vez fue oración.




Impresionante este recorrido donde la mano del hombre interactúa con la naturaleza creando una reliquia historica q ha trascendido para el disfrute d la humanidad ,la cual has descrito d forma tan real q logras q resulte de gran interés la lectura d tu trabajo .