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Las acuarelas de Duporté me acercaron a la fecundidad de los clásicos cubanos.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Con los años aprendes a valorar los momentos que marcaron tu vida; esos que te dan argumento para contar una historia y que la memoria se niega a olvidar.


Compartir experiencias con personas comunes y, al propio tiempo, atrapar esas historias extraordinarias que están en el sustrato de cada uno, son conmovedoras realidades que cargo en mi catauro.


Significa una especie de homenaje póstumo traer a recuento esa palabra para hablar de mi viejo amigo Jorge Duporté, porque esa especie de cesta hecha de yagua de Palma Real, afín a cualquier antillano, él siempre la tenía cargada de motivos vegetales.


Vivía en un enriquecido entorno, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, en el corazón de la Sierra del Rosario, un macizo montañoso al oeste de Cuba que alberga un asentamiento humano de poco más de 800 habitantes.


Allí se permitía soñar mientras recreaba con sus pinceles la reproducción de una ceiba o detallaba las blancas yagrumas, los almácigos, las majaguas y los curujeyes “prendidos al jobo que nace en el monte”, según sus propias palabras.


Duporté fue un ilustrador dedicado en vida a recrear el universo botánico de la isla cubana. Fue de esos personajes capaces de transmitir grandes lecciones.


Con él aprendí a interpretar la riqueza vegetal presente en los textos de José Martí y Alejo Carpentier. No lo he olvidado desde entonces.


De sus encuentros con esos imprescindibles de las letras cubanas nació una propuesta estética que ganó el espacio de América.


Sus acuarelas fueron un homenaje permanente a su naturaleza natal y a los hombres que hablaron de ella.


Comprender su verdad fue valioso. Él me mostró los “Cypripedium grandes y generosos” de que hablaba Martí en sus Obras Completas y eso resultó muy revelador en los años en que me iniciaba en la escritura.



A través de la magia de su pincel interpreté la tierna expresión infantil usada por el héroe cubano para describir las orquídeas cuando decía: “los niños no quieren creer que sean flores de veras, sino pantuflas que han echado alas por el talón”.


Asomarme a su vida e intentar describirla me dio testimonios de la consagración de un artista, cuyos proyectos viajaron el mundo haciendo tributo a exponentes de la flora autóctona descritos por creadores literarios de la talla de Alejo Carpentier.


Había algo sublime en la forma en que intentaba sensibilizarme con aspectos relativos a nuestra identidad, a través de unos trazos llenos de colorido que exhibían la reproducción de una ceiba.


Calificada por el novelista cubano como el más monumental, adusto e imponente de los árboles del país, la ceiba era una especie por la cual Carpentier se sintió hechizado desde la niñez.


Las acuarelas de Duporté me ayudaron a entender al autor de Ecué-Yamba O, a darle una mejor lectura a la Consagración de la Primavera y acercarme a lo real maravilloso del Siglo de las Luces y Viaje a la Semilla.



Hay un saber legendario en los orígenes que la memoria se niega a olvidar y todo eso te da pie para contar una historia, porque allí donde el pincel se recrea, el alma se embelesa y el corazón percibe las notas de su propio himno.


Duporté me permitió hacer la nota singular con la que todo periodista sueña, pero -sobretodo- atravesar los caminos de las letras por medio de muestras pictóricas que me hicieron detener en las cosas simples.


Tanto Flora Martiana como Flora cantada por Carpentier fueron caminos para llegar a los ilustres de las letras. Después saldrían otras colecciones como Frutos de este reino, Barrera de Cerdas ardientes, Iberoamérica en flor y Flores Cubanas.


El pensamiento de Martí y Carpentier fue crucial para entender la identidad, no solo de Cuba, sino de Latinoamérica. Con sus complejos mundos imaginarios y reflexivos, ambos me guiaron hacia la búsqueda de los signos que identificaban el continente.


De la mano de Duporté, ambos tomaron forma y estructura en mi mente desde joven. Desde sus visiones, pude interpretar la historia americana en su heterogénea complejidad, en su unidad contradictoria.


Fue reconstruyendo imágenes de lo autóctono y utilizando la fecundidad de sus clásicos como el pintor de la flora cubana me acercó a la originalidad de su expresión.


Gracias a sus sueños de completar el universo vegetal de la isla yo también enriquecí mi perspectiva y el resultado de ese andar es lo que da cuerpo a este blog, en el que agrupo las vivencias más gratificantes del camino.



1 comentario


estrehernandezfuentes
hace 2 días

Gracias a ti tuve el honor de conocerlo ,una gran persona ,muy amable y sobre todo impresionaba por su sencillez y modestia, sin dudas para ti una bendición el haber contado con su amistad y sobre todo q haya influido con su saber en tu formación .

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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