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Buscando un espacio donde conectar con mi identidad.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

Mi amiga Less es un recordatorio casi constante de la necesidad de tener el alma quieta para tomar buenas decisiones. Ella me lleva indefectiblemente a pensar en la llave para desatar sus nudos y abrir espacio a una vida más ligera y auténtica.


Intentando ajustar sus patrones cada día un poquito, revivo las enseñanzas y refuerzo la importancia de llevar una carga liviana para enfrentar las asignaciones difíciles.


Ella me recuerda lo que aprendí con dolor, sobre todo lo negativo de tener el alma cansada y lo regenerativo de tomarte un tiempo de reposo sin agendas, sin ruidos y alejada del calendario y el cronograma. También de las multitudes.


Haciendo deporte con ella diariamente, veo en ocasiones el reflejo claro de aquello que escuché tiempo atrás de un pastor, quien instaba a restaurar el equilibrio de la vida haciendo el tiempo y el espacio para dejar que el alma alcance al cuerpo.


Para él, el descanso del alma no tiene que ver con lugares, ni con tomar aviones, ni con presupuestos, mucho menos con equipaje, sino con tener verdaderos minutos de sosiego.


De lo que se trata, argumentaba, es de encontrar un espacio donde puedas conectarte con quien eres, con tu identidad. Un lugar quieto, donde escuchar a Dios y armarte de fuerza para continuar la vida.


Me llena de gozo escucharlo, porque -de acuerdo con su palabra- “el alma no fue hecha para funcionar vacía”. A diferencia del cuerpo, sus señales son más sutiles, pero darle reposo concede energía extra y libertad.


Día a día hago llegar a mi amiga parte de esa fuerza inspiradora. De ese estado interior de serenidad que brota de la confianza y la aceptación de uno mismo en primer lugar, de descansar en la fe en el creador y de la importancia de sanar la estima.


La idea del alma “descansada” se inspira en las enseñanzas de Jesús de Nazaret y es de las imágenes más profundas y consoladoras dentro de la espiritualidad cristiana.


Ella no alude a la inactividad o al reposo físico, sino que propone un recorrido desde el cansancio existencial –marcado por las culpas, los miedos y las exigencias internas- a la experiencia de liberación progresiva.


Al dejar de aferrarse a eso que la oprime, el alma aprende a soltarse en una dimensión más amplia y ese abandono confiado le permite al ser humano reconciliarse consigo mismo y con su historia.


Verla a ella debatida en sus dudas y en los sinsabores de la existencia, como a mí me pasó tiempo atrás, me clarifica y hace más consciente de la humildad y sencillez como caminos hacia ese descanso.


Frente a una cultura que impulsa la comparación y la autoexigencia constante, es imperativo plantearse la posibilidad de aceptarnos tal cual somos y habitar la propia vida, sin la presión de tener que demostrar valor.


El poder transmitir lo aprendido, me refuerza en principio que el descanso que necesita el espíritu no es evasión, sino retorno.


Es la manera de regresar al centro interior, al origen, a ese espacio íntimo donde la vida recobra orden y sentido, donde el alma se aquieta y deja de pesar. Un silencio sereno donde todo vuelve a estar en su lugar y se puede respirar.


Años atrás me sorprendía pensar que eso tuviera que ver con el principio de no hacer nada en ocasiones. Hoy mi postura es bien distinta con respecto a eso, porque entendí lo necesario de aplicarlo.


Se vale detenerte un momento, le digo siempre. Solo en espacios silenciosos y retirados, el alma encuentra reposo y la capacidad renovada de vivir con mayor plenitud.


Hay nudos invisibles que nos atan al pasado, pero necesitamos dejar ir la dureza y permitir que la ternura vuelva a habitar en lo más hondo, porque un alma cansada camina cargando nombres, culpas, recuerdos.


La que ha aprendido a descansar los suelta uno a uno, vive sin la urgencia de ser más, sin el ruido de tener que demostrar, sin la inquietud de compararse, sin el resentimiento que la mantiene en tensión.


Con aquella paz que sobrepasa cualquier entendimiento, el hombre perseguido por los fariseos, la religión organizada y los gobernantes romanos, nos enseñó a vivir con una interioridad liberada de cargas innecesarias; con una quietud espiritual, ajena a circunstancias externas.


Cuando dejas de cargar sola y confías, esa sensación de no ser suficiente disminuye. Cuando aprendes que la vida tiene sentido, más allá de la incertidumbre, el conflicto interno cede paso.


Y eso se respira, se siente, se percibe. Te hace vivir relajada, en coherencia, y con el deseo de estar en paz. Siempre buscando ese espacio donde aquietar las prisas de este mundo, encontrar el gozo y conectar con la identidad.

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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