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Dar luz a cada pedacito de mi mundo.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • 18 dic 2025
  • 4 Min. de lectura


Todos los días me esfuerzo para que el sol ilumine cada planeta de mi vida, porque alguien me hizo notar hace años la importancia de cultivar todas las áreas con esmero.


Una vieja anécdota contada en casa por mi hija Marian consideraba la necesidad de vigilar el desempeño de los diferentes roles que se nos asignan como seres sociales a lo largo de la vida.


Alguien cercano a ella perdió un compañero de vida y sobrellevaba la pérdida en paz, porque -lejos de permitir que esa relación se convirtiera en su todo- dedicó atención y esfuerzo a la creación de vínculos saludables.


Desde su filosofía, cada persona era un sol, en torno al cual giraban varios planetas (entendidos como áreas de vida). Descuidar uno, haría que ese cuerpo terminara por enfriarse. En cambio, atender más de lo debido a otro, provocaría que acabara ardiendo.


Desde entonces trato de que a cada pedacito de mi mundo lleguen los rayos del sol. Tal vez no lo haya podido lograr del todo, pero estar abierta a eso, se volvió parte esencial de mi vida.


Fortalecer el vínculo en pareja es crucial. Pero, además de ese, trabajo por estrechar la relación con mi hija, mi nieto Lucas, mis hermanos, mis viejitos distantes, el gato Manchego y, al propio tiempo, con los amigos, los placeres y la vocación.


Eso me aporta la sensación de hacer bien las cosas. Disgregar la atención te ayuda a sobrellevar las presiones diarias. Y, lo más importante, dejas de intentar serlo todo en la vida del otro y pretender ser la única que lleva la carga de cariño y cuidado.



Cuando ese recuerdo viene a mí, me refuerzo lo erróneo de hacer que la pareja escuche todo lo que pienso y lo que tengo que contar. Tampoco la depositaria de mis problemas y la responsable de mis distracciones del día a día.


Repartir la carga, desahoga emocionalmente y crea vínculos más saludables, porque esas relaciones que se cultivan son las que nos abren puertas a las vidas reales de los demás. Son las que terminan conformando nuestra propia tribu.


Esa amplia red es un pasto que merece ser regado porque es la que nos ayuda en momentos complejos. Muchos de los integrantes de esa madeja saben qué te pasa con solo mirarte, saben cómo te sientes de verdad, cómo eres de verdad.


Muy distante de las existencias editadas y filtradas de la vida moderna, los amigos te ayudan a crear vínculos verdaderos.


Yo nací en un barrio lleno de niños con mucho tiempo libre. Crecí en medio de situaciones de juego más improvisadas y relajadas que las de ahora. Tal vez, por eso, tuve oportunidad de desarrollar unas herramientas sociales más amplias y diversas.


Como dice la mayoría de los de nuestra generación, crecimos en comunidades donde teníamos que hacer amigos por nuestra cuenta, forjar nuestras propias alianzas, resolver nuestros propios conflictos y obtener las propias victorias.


Todo eso, sin adultos que supervisaran o influyeran en cómo interactuábamos. Son entornos donde uno aprende y te resulta más fácil abrirte camino.


De manera que al cimentar ese arraigo que desarrollas en la infancia, puedes entender mejor lo que significa estar abierto a los demás.


Lo que yo busco en cada uno de mis planetas es esa sensación envolvente de seguridad y pertenencia. Disfrutar de eso que los hace únicos, apreciar a cada uno por lo que aporta y aceptarlos tal como son.


A los más estrechos no voy a referirme, porque cada uno de ellos tendrá su espacio en algún momento, pero a los amigos sí.


Yo siempre quiero viajar y contar historias, pero mi círculo de amigos tiene muchas caras.


Algunas son excelentes compañeras de viaje como Habibi, otras son más amantes de la tertulia, el licor, y la buena plática, como mi entrañable Alina.


Con otros mantengo una conversación infinita, porque tienen un pie en otras vidas, como Lily. Con Joaco y Less comparto el privilegio de la sinceridad y la hermandad. Y hay otros –como Celia- que me recuerdan que los amigos se aceptan sin juzgarse.


Algunos como Tania y Armandito están lejos, pero están también en mi vida, aunque no hablemos mucho. Carlos es esa seguridad ante las eventualidades que solo te pueden ofrecer los que están en la categoría de amigos.


Y a muchos otros los recuerdo con ese entrañable cariño de la infancia, aunque no los he vuelto a ver. Son esos que jugaron y crecieron con uno y que se disgregaron por el mundo. Pero la memoria se resiste a olvidarlos, y el corazón, también.


Casi todos están ahí cuando las cosas se tuercen. Con ellos te puedes resguardar de la tormenta y hasta puedes hacer una pausa para intentar superar los desafíos del día a día. Eso los hace incondicionales e inamovibles.


Algunos lo son desde hace mucho, otros son más recientes. Son las relaciones de apoyo que te acompañan a lo largo del tiempo y también te protegen de toda clase de cosas. Por eso están pegadas a tu vida.


Gracias a ellos mi perspectiva hoy es más amplia. De cierta forma me ayudaron a saber quién soy y crearon espacios donde te sientes seguro para poder sobrevivir. Es, por así decirlo, la voz que mece en tiempos difíciles.


Los amigos son personas con las que puedes quitarte la coraza y compartir preocupaciones. Los que te ayudan durante los declives y te conminan a disfrutar y llenarte el alma; los que te impulsan a seguir conquistando sueños.


Siempre recuerdo que alguien de esa lista me dijo una vez que “lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto es un sentimiento que falta al amor: la certeza”.



Esa frase de Honoré de Balzac, que -según ella- le remite a mí, es lo más profundo que he escuchado sobre el valor de los amigos.


Cuidarlos y conservarlos es una paciente tarea. Y que el sol los bañe de luz, ni se diga, porque se trata de uno de los planetas más importantes de la eclíptica.


 

 

 

 

 

7 comentarios


estrehernandezfuentes
hace 3 días

Muy bonita esta pagina q has escrito, hermoso y muy cierto tu propio concepto d la amistad ,un buen amigo perdurará y vivirá x siempre en la historia d tu vida .

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lyly0019
22 dic 2025

Mi querida Sissi, Definitivamente tú misma eres la evidencia de lo que planteas en tu narrativa. Es verdad, somos lo que somos gracias a la amplia convivencia con todos y cada uno de los seres humanos con los que nos ha tocado compartir este inmenso y maravilloso viaje.

En México, Benito Juárez, decía que “el respeto entre los pueblos como entre los individuos es la paz” y si, efectivamente, en la medida que nos aceptemos tal cual como somos, sin juzgarnos pero respetándonos, aprenderemos a soltar, a convivir sin pensar que cada uno de nosotros es dueño de la verdad o que tiene la capacidad y responsabilidad de “resolver y redimir” a todos los seres humanos con los que convivimos.


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Tania Cordero
Tania Cordero
21 dic 2025

Que persona más hermosa y sabia eres, Sissi querida! Gracias x tener además la nobleza de expresarlo con agudeza y sencillez. Leerte junta la sensatez q falta en estos tiempos y pone en orden los pilares de siempre: libertad, paz, amor y empatía xra uno y xra su semejante. Eres d gran bdndición xra mí. Tqm

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lesdysv
lesdysv
20 dic 2025

Mi vida como siempre me encantó lo que escribiste es un privilegio tenerte de amiga, y doy gracias a dios por haberme puesto en tu camino y gracias por tu enseñanzas de ver la vida, día a día te quiero mucho .

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joaquincarreta025
19 dic 2025

Cómo siempre mi Sisi muy hermoso gracias gracias por la mención. Te mando un fuerte abrazo y bendiciones nosotros también te queremos mucho y eres una parte fundamental una pieza fundamental de nuestra familia. Te queremos mucho Sisi bendiciones para ti y todos los tuyos

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Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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