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Verdades que son como percebes pegadas a mi vida.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura


Cuando pude ver el mundo como un enorme tapiz y percibirme como un hilo dentro de ese tejido y diseño, comprendí que solo el tejedor observa la belleza real de la foto. Él toma hebras y entremezcla los colores. Nada está fuera de su alcance.


De lo que no tiene sentido, hace un gran tejido y de lo que parece complicado, genera un instrumento. Sus procesos no se ajustan a nuestro calendario. No son rápidos. Él no se interesa en el tiempo que tardes en llegar, sino en cómo llegues.


Aprender eso, que no es otra cosa que confiar en el plan maestro, es de las más valiosas lecciones aprendidas.


Y cuando me hice consciente dejé de intentar visionar el futuro y encontrar sentido a todo. Dejé de buscar respuestas al dolor y a la injusticia. Me concentré en vivir un día a la vez, en dar un paso a la vez, con una intención valedera.


Al centrarme en una cosa que animara mi espíritu, terminé hallando el propósito que me sostiene. Dejé de sentirme sola. Hoy puedo vagar por los caminos del mundo como un espíritu libre, pero hay una presencia que camina conmigo.


Servir a la humanidad, aunque esta no me sirva a mí, pasó a tener un sentido más relevante. Como alguien dijera una vez: servir, especialmente si la humanidad no te sirve a ti.


Ese es el norte que ahora yo busco. Entender sus alcances me armó de fundamentos más sólidos y esas grandes verdades pasaron a ser como percebes pegados a mi vida.


Creo que no hay nada más tenaz y sólido que esos crustáceos de concha dura y tamaño pequeño que se adhieren a las rocas y a las partes inferiores de los barcos en el mar. Esa característica hace que me sienta bien con esa metáfora.


De tal suerte que el tiempo me permitió entender que, sin importar cuál sea la situación que atraviesas en el momento presente, tenemos un papel principal en su creación.


La vida se construye con cada experiencia. Lo que somos se va moldeando pensamiento a pensamiento, elección a elección. Y por debajo de cada uno de ellos, yace la intención más profunda.



Esa es la que debe ser revisada en todo momento, porque es la fuerza que nos orienta.

Dejar de hacerlo puede ser perjudicial para el progreso. Somos responsables de cada una de nuestras intenciones y es sabio estar consciente de aquellas que dan forma a nuestra experiencia.


Por eso examino mis motivaciones. Las miro de cerca, porque en ocasiones las más auténticas suelen esconderse entre las sombras.


El principio de la intención me ayudó a darme cuenta de que a veces intentaba complacer a los demás y con frecuencia sentía que se aprovechaban de mí.


Algunas veces me utilizaban y siempre esperaban más.


Los demás no eran el problema, claro está. Era yo. Cuando caí en cuenta de esa realidad, decidí hacer solo aquellas cosas que provienen de mi verdadero yo y las que me complacía hacer por los demás.


Dado que las elecciones que realizas honran quién eres, con solo ese ajuste fui pegándome cada vez a obtener aquello que la vida tenía preparado para mí.


Mi cayado se sostiene hoy en todo ese valor aprendido, en la capacidad de adaptación, en el dominio de la energía mental, en la serenidad y la calma para afrontar los contratiempos, sin dejar que la emoción me lleve.


Estar en equilibrio y armonía con tu propio ser hace que las cosas se acomoden y lleguen en el momento justo. Estar en el momento presente me conecta a la energía superior para permitir que suceda lo que tenga que suceder.



Vivimos en una puja para que la realidad se amolde a expectativas que tenemos, porque los escenarios catastróficos nos generan miedos e incertidumbres. Sin embargo, muchas veces detrás de todo eso se esconde una grandiosa oportunidad.


Con el tiempo comprendí lo necesario de ese escenario, con todo lo que conlleva, porque destruye un viejo mundo, un viejo hábito, una vieja idea, una vieja visión. Algo que no te pertenece y son las ruinas las que te hacen florecer.


A veces sufrimos por la destrucción de un territorio conocido, pero esa caída, ese vacío, esa nada, será el suelo fértil para que resulte lo que en verdad quieres; para expresarte, tal vez, y generar una magia en ti.


Permitirme ese proceso en lugar de preguntarme por qué me pasó, me llevó a replantear mi vida, a esperar el regalo encubierto. También a ver con claridad cómo la energía se dispersaba en un foco equivocado.


Y eso te hace entrar en contacto con otros valores, más altos, más espirituales. Al liberarnos, no solo se activan áreas de sanación energéticas, sino que podemos mostrar las ventajas del proceso a otros.


Había un flujo natural de cambio si confiaba en su plan y en su tiempo, si dejaba que el universo moviera sus hilos y conservaba la calma para visionar.


Eso me tenía en paz. Me acomodé a andar como en ese tránsito y a ser permanente aprendiz del proceso.


Tenía clara la intención. También el convencimiento de que no habría nadie más que esté en todo momento conmigo, ni que sepa más de mí que yo misma y el creador.


En el ruido o en el silencio, en las buenas y en las malas, aprendí a sentir mi propia compañía y la suya como un privilegio.


 

 

 

 

 

 

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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