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El camino es más importante que aquello que te llevó a caminar.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 14 horas
  • 4 Min. de lectura


Cuando pasas los 50 años, definitivamente hay un par de cosas que has aprendido. Una de ellas es que el camino es más importante que aquello que te llevó a caminar.


Es en esa senda donde descubrí y aprendí casi todo. Desde el arte y el oficio de aquello que vine a hacer a este plan, hasta la habilidad para llevarlo a cabo con la dignidad que exigen las circunstancias.


Fue en esa arena donde dominé la mente y me rendí a la gracia. Donde alimenté el sueño, descubrí el poder de la palabra, pude probar de qué estaba hecha y hasta, si se quiere, me volví un poco sabia.


Mis lecciones más poderosas se forjaron ahí. Los viajes fueron el conducto para caminar, pero es en ese trayecto donde el viajero aprende a conocerse, a encontrarse, y donde enfrenta las pruebas más duras.


A veces me preguntan cuál destino resultó más impactante y siempre respondo que todos tienen magia para mí.


No importa tanto adónde llegue, lo valioso es lo que me mueve a llegar a un determinado lugar, y eso va desde la expectativa, la preparación y el conocimiento que ronda su historia, hasta las revelaciones que te trae el camino hacia esa dirección.


Es algo que se mete entre la mente y el corazón y da sentido. Que mueve los engranajes y trae al recuento lo leído, lo aprendido y hasta lo que imaginas que puede sorprenderte, porque impactó a otros antes que a ti.


Creo que tiene que ver con los olores de cada sitio, con la dulzura de algo que florece en los árboles y hasta con el aire, que tiene un peso distinto al que estás acostumbrado de este lado del mar.


Hay cosas que no puedes describir bien, pero son la esencia de cada lugar y cada cual las lleva consigo. Es algo que no identificas, pero te acaricia de forma diferente. Y las almas viajeras saben eso.


A medida que viajo he aprendido a disfrutar esas sensaciones. Irlas descubriendo es parte de ese largo bregar, donde topas con miradas que no esperas, historias que no tienes idea de que existen y paisajes que alucinan.


De más está decir que este blog es testimonio de los sitios a los que llegué. Muchos estaban en mi radar desde que tengo conciencia, algunos me sacaron emociones del alma y, los que me faltan sé que tendrán la gracia de encantarme.


Me conmueve la idea de poder llegar al puerto de Corfú y bordear el archipiélago de las islas jónicas hasta Ítaca. Además de la descripción homérica tras el largo naufragio de Ulises, ese tramo marcó la infancia del naturalista británico Gerald Durrell.


Si tuviera el poder de Merlín, daría a cada niño el regalo de mi niñez, escribió en su Trilogía de Corfú. La manera en que ese lugar marcó su infancia es suficiente para que también yo quiera llegar ahí.


Más allá de ello, de que lord Byron suspirara con la idea de enterrar todos sus libros y no irse más de allí, de poder viajar a Petra, aventurarme por el Tíbet y vagar por Katmandú, puedo recalar en cualquier sitio y sentir una magia envolvente.


Mi pasión por los viajes me llevó a descubrirme, a sorprenderme, a entender las razones históricas de los pueblos, a mirar desde otros ángulos y, sobre todo, a pisar lugares donde mucho tiempo antes habitó mi alma.


Documentando aquí y allá fue como me fue revelado casi todo. Como hallé sentido a las búsquedas, a los más sagrados aprendizajes y a los grandes actos de fe.


Pude ver como estos últimos no nacen de momentos de calma, sino de noches de tempestad que nos marcan para siempre.


Fue en el camino donde aprendí a escuchar la voz de Dios, a evaluar los cambios de escenario, a preparar mi espíritu para las situaciones desfavorables y a dominar las circunstancias para tener paz en el alma, a pesar de la adversidad.


Pruebas inesperadas te alcanzan, cuando te aventuras. Pero, esas circunstancias son usadas para el cambio y la manifestación del propósito; también para descubrir lo que te hace temblar y quitarle poder.


Tratando de encontrar la senda hacia mi paz interior, reforcé lo que envuelve al concepto de fe, esa especie de verdad universal que te mantiene en pie cuando no hay pruebas y hace que la supervivencia tenga sentido.


Aprendí de señales y respeté el lenguaje personal que -según Coelho- desarrollamos a lo largo de la vida, a través de aciertos y errores, hasta que entendemos cuando Dios nos está guiando.


También a revisar mi intención todas las veces que pueda, buscando apegarme al sentido de lo transparente y equilibrado de la misma.


Por eso mis semblanzas son algo particulares. En ellas cuento no solo de mis viajes, sino que entremezclo ese aspecto vivencial del camino que te lleva a reflejar las enseñanzas, los miedos y lo que te ha marcado, como estampas normales de la vida.


El transitar por los caminos de la vida y el navegar por los mares del mundo me permitió topar con personajes que me impactaron, ver de cerca los traumas que vive el inmigrante y confrontar mis grandes pérdidas y alegrías.


Hoy llevo mis cicatrices con honor, como resultado de lo que he aprendido.


En ocasiones, ese recorrido me situó en medio de un polvorín, pero también me dejó ver el polvo alrededor. Y esos vistazos son los que he compartido en este blog.


Después que has transitado media vida, te haces más consciente de todo. Aprecias los momentos que antes dejabas pasar sin atención, haces más de lo que te gusta y vives mejor. Sabes, ahora más que nunca, que disfrutar el camino te llevara más lejos.

 


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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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