El universo me invita a caminar sin mapa, con el corazón abierto.
- Sissi Arencibia

- hace 1 día
- 4 Min. de lectura

A veces parece un tanto arriesgado dar voz a tu historia de vida. Pero, cuando este acto parte del reconocimiento de tu propia luz, de eso único e individual que posees y merece la pena proteger, adquieres el poder para utilizar esa llama.
Todos llevamos dentro un poco de eso. Hay una claridad explosiva que surge cuando hablas desde el centro absoluto de tu ser. Por eso se vuelve un paso valiente desnudar el corazón. Soltar el aire retenido en los pulmones te abre a una etapa diferente y vital.

Amo esa independencia. También la valentía de contar mi verdad y estoy a gusto con la historia que brota de mis manos. Aceptadas o no, son las experiencias que me han hecho ser quien soy y espero que eso pueda ayudar a otros en el camino.
La suerte de mis pasos no es mi primer proyecto, pero si el que tiene mi sello personal y la gracia de salir solo de mis manos. Desde su concepción hasta su concreción, lo valedero o errado de lo que aquí se cuenta, tiene mi autoría.

Hace más de tres años y durante cada semana me hace conectar con mi mundo interior y a su vez me da oportunidad de poder sintonizar con una multitud variopinta que no puedo ver, pero que siempre está ahí en cada entrega.
Hay distintas edades, razas, géneros, etnias e identidades del otro lado, pero soy consciente que, a pesar de esas diferencias, muchos de los que leen el blog lo hacen para también encontrar un sentido de pertenencia olvidado.

Eso me ayuda a contar mi historia, que está como ahí colada entre los viajes.
Una parte de mí sabe que en un mundo donde la calidez se persigue por sobre todas las cosas, es imperativo mostrar lo que me ayuda a seguir adelante, incluso en momentos de gran ansiedad y estrés.

Mi continuado proceso de transformación me da cada día las armas para contar mis experiencias, para hablar de ciertas actitudes de las que me he desprendido con el tiempo, de las cosas que aún me hacen caer y en lo que me apoyo para volver a levantarme.
Y con esas reflexiones sinceras sobre lo que me ha enseñado la vida hasta ahora y las palancas que activo para seguir adelante, también yo voy centrándome, buscando equilibrio y poniendo cada vez más los pies en la tierra.

Parte de lo que cuento estuvo guardado por años sin compartirse. Era una especie de saber que ahora sale en forma de servicio. No como catarsis, sino como misión. Es como si el universo deseara que esa parte mía se muestre ahora con verdad.
Creo que mi estrella polar está establecida e iluminando el área de la vocación y la expresión para que no me prive más de mi voz, para que no postergue más mi arte, mi palabra, o el don que Dios me dio.

Fue un paso grandioso darme cuenta de que el mundo y todos los que vivimos en este plano no necesitamos seres perfectos, ni versiones idealizadas. Estamos urgidos de lo auténtico, de esa versión real que trato de que lleven mis escritos.
Día a día, me siento agradecida por la expresión, porque es como si una fuerza mayor estuviera dirigiendo mis manos todo el tiempo. Es como si el universo me estuviera invitando a caminar sin mapa, con el corazón abierto.

Como si algo me recordara que la magia no espera a que estés lista, sino dispuesta; que no necesito tenerlo todo resuelto para escribir. Por el contrario. Debía confiar en que el suelo siempre aparecerá bajo mis pies, cuando me anime a dar el paso.
Mucho he cambiado desde el instante en que vio la luz el blog. El me permite reclamar mi renacimiento con dignidad y poder, soltar el peso que ya no es mío y recibir lo nuevo que entra a mi vida con la fuerza de mi verdad.

Ahora más que nunca confío en la luz que me guía desde adentro, porque he transitado con valentía, escuchado las verdades que muchos no quieren oír y sostenido mi emoción con intensidad, entrega y propósito.
Eso me hace confiar en mi camino, con el convencimiento de que este nuevo tramo está hecho de creación consciente, de vínculos recíprocos, de decisiones que nacen de mi centro y no del miedo, de consciencia de que todo lo que viví y lo que dolió, me preparó para este momento.

Una ráfaga de energía limpia cruza mi presente. Algo delicado y poderoso que me lleva a comprender que cuando sanas, algo en el mundo también se ordena.
La comprensión de mi mundo fue una llave hacia mis propios dones, porque hay talentos en cada uno que no son casuales, que heredamos aunque nadie nos dijo, que empleamos en cosas menores, cuando en realidad son herramientas sagradas.

Y esa visión y sensibilidad que a veces usamos para sostener relaciones rotas, para entender a quien no se entiende a sí mismo, para sanar a quien no quiere sanar, hay que usarla para florecer en lo que te eleva, en lo que te sostiene también a ti.
Cuando salí al mundo con mi verdad, conecté desde lo auténtico y eso me llevó a vibrar diferente.

Fue como plantar una semilla nueva, alcanzar una oportunidad real y recorrer un camino de revelaciones intensas.
A veces en pequeños detalles, el alma reconoce su destino y cuando me tocó integrar toda esa madeja para darle forma a mi mundo, caí en cuenta que de esa forma también protegía mi santuario como un espacio donde crecer más alineada con mi esencia.



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