Mirar a los pies del mundo para reencontrarse.
- Sissi Arencibia

- 22 ene
- 3 Min. de lectura

Isabel Allende fue de las primeras escritoras en darle voz y legitimidad a los sucesos que ocurrían en el contexto de América. Anclada en la orilla oeste de la bahía de San Francisco, ella se distancia cada ocho de enero para contar una historia que yo espero atenta.
Arropada en su viejo chaleco de cachemira y rodeada por sus cerros color esmeralda, la autora chilena viaja en busca de inspiración por esa casa llena de personajes y protegida por espíritus, que está detrás de todas sus novelas.

Crecí leyendo su obra. Siempre había una novedad detrás de su nombre y algo familiar en todo su trayecto. Esta semana recordé eso.
Quien ha seguido la huella de su musa caprichosa espera expectante esa primera frase que brota al despuntar el año, más por superstición que por disciplina, durante el recogimiento obligado del invierno.
De su mano, las historias que merecen ser contadas encuentran voz. Sus memorias nos llevan de Chile a California, con la magia que ella tiene para recorrer el continente de una punta a la otra, con el lenguaje de las palabras.

Desde el escenario de su niñez, la casa de los abuelos y el ceremonial de las comidas, su literatura evoca, a manera de secuencia, el pasado de Chile, el sentimiento de verse ausente, y la conciencia de haber sido peregrina.
Por eso persigo sus relatos. Además de francos, apasionados y abiertos, mueven atractivas historias de hijas perdidas, de nietos y libros que nacen, de crisis y reconciliaciones, de éxitos y dolores.

Recogida en su cuchitril, como ella misma confiesa, la autora de Paula logró crear muchos éxitos literarios cada año, en medio de intensas jornadas llenas de compromisos, giras y presentaciones por el mundo.
Mi nombre es Emilia del Valle es su más reciente entrega, con la que viaja entre dos continentes buscando identidad para regalarnos una crónica profunda sobre lo que significa ser mujer, escribir y resistir.

La novela inicia como un acto de afirmación, de existencia y de resistencia silenciosa.
“Emilia no es una heroína convencional, es una mujer que eligió escribir su verdad en un mundo acostumbrado a que las mujeres callaran y esa decisión lo cambió todo”.
Criada con libros, ideas y libertad, la protagonista –dotada de una mente aguda y un carácter firme- desafía la época (siglo XIX) hasta convertirse en una figura inspiradora de la literatura y el periodismo.
Emilia es un símbolo de la escritura como acto de libertad, en medio de un país desgarrado por la guerra civil y el dolor de la gente común.
El viaje de la protagonista hacia Chile no fue solo geográfico, sino el inicio de una transformación personal profunda. Allí encontró la manera de dar voz a los que no la tenían, al tiempo que escarbaba en su propia historia y orígenes.

Más allá de Emilia del Valle, la creación de Isabel Allende es imprescindible para entender la historia de una familia, que queda al descubierto en Paula y desciende de los personajes de la Casa de los Espíritus.
Su primera novela inició en sus noches de exilio, de una carta escrita a su abuelo vasco Agustín Llona. Esa y otras misivas que le sucedieron se convirtieron en el suceso editorial que la dio a conocer en el mundo.

Sus libros sacuden todos los recuerdos saludables que hay en mi interior. Han pasado años y aún recuerdo aquella primera línea que habría de cambiar su destino: Barrabás llegó a la familia por vía marítima.
Con la mención del perro familiar inició su narrativa, la cual pasa revista a su pintoresca extirpe.
Usar como colofón la saga familiar, permite que el lector viva -junto con ella- la superación personal de una mujer con una fuerza inspiradora, capaz de escribir a un abuelo legendario y a una hija que ya no pertenece a este mundo.
Alguien que, al igual que Emilia, aprendió el valor de la palabra escrita y mostró que podía ser una forma de estar en el mundo sin pedir permiso.

Emilia es un recordatorio de su historia de vida. Es de esos relatos que –como alguien dijera- nos despiertan y obligan a preguntarnos quiénes somos, qué callamos y qué nos han hecho creer que no vale la pena contar.
“Su vida (la de Emilia) no fue perfecta, ni gloriosa; fue verdadera. Y en ese valor radica su fuerza. Porque, acercarte a tu historia y contarla con tu propia voz es la libertad más poderosa”.

Considerada a sí misma como una eterna vagabunda, la escritura ha sido para Isabel Allende un intento desesperado de preservar la memoria y su nostalgia por Chile.
Sus libros son el resultado de una emoción profunda que la ha acompañado por largo tiempo.
Eso la ha hecho volver para reencontrarse. Aunque escriba desde la cúspide de un cerro californiano, su vista siempre bajará al sur, a los pies del mundo, a la tierra de sus ancestros.




Que hermoso Sissita !!. Me encanta este relato donde dice .(.Su vida no fue perfecta, ni gloriosa; fue verdadera) .
Esa es la mujer virtuosa que tiene muchas luchas y se fortalece cada día con la gracia de Dios . Gracias por compartirnos .