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Las aves conservan algo del canto de la creación del mundo.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura

Se dice que cuando una persona puede conversar con las aves es porque tiene la capacidad de comunicar asertivamente los procesos en los que se encuentra y gestionar las emociones de un modo más equilibrado.


Hay que tener un grado de sensibilidad bien desarrollado, mucha paz y equilibrio interior para poder hacerlo, porque las aves son sensibles a las energías y conservan algo del canto de la creación del mundo.


El lenguaje de los pájaros es místico, perfecto y divino. Se le considera la clave hacia el conocimiento y, poder entenderlo, es signo de sabiduría.


Además de ser un concepto manejado en la mitología y la literatura, ha sido inspiración para la música.


Aplicar esto al principio de la vida es una manera simbólica de referirse a una persona que ha recorrido mucho en sus procesos evolutivos y de discernimiento interior para llegar a un estadio superior.


Una persona que viene de lidiar con experiencias disímiles, retos, desafíos, que puede haber enfrentado circunstancias de carencia, soledad o abandono posterior y que ha vencido obstáculos en la lucha por determinados objetivos.


Poder sintonizar ese cúmulo de experiencias y comunicarlas desde una perspectiva asertiva, habla de alguien con armonía en su mundo, pese a transitar por un proceso de experimentación como individuo.



De alguna manera, mucho de eso está presente en mi estructura de vida. El que me sigue a través de este blog sabe que por principio siempre voy hacia mí, hacia mi regeneración como individuo, porque es lo que me trae realización e impulso.


La capacidad de hablar con las aves es una metáfora para enunciar el tiempo presente, donde sigo mi camino personal, hago más por mí y sé lo que valgo y lo que cuesta crecer.


Gracias a que tuve la libertad de elegir, cuido mi semilla y mi jardín.


Tras un extremo cambio de caminos, de decisiones, la senda del sabio se abrió. El sabio es ese buscador consciente que suele ser maestro y aprendiz. Es el que se retira del ruido del mundo para tomar mejores decisiones.


Y eso le dio un sello a mi aprendizaje, porque me hizo ver las señales, acomodarlas, revisarlas.


Aunque venía revisando la salud de mi ciclo desde muchos años atrás, la pausa me permitió ver con ojos nuevos la oportunidad. Todo tiene un sentido, aunque no lo podamos comprender, ni visionar.



En ese proceso entendí que, aunque quieras y aprecies mucho a una persona, no puedes descuadrar tu camino por quedar bien con ella, mucho menos dirigir tu energía hacia donde esa persona dirige la suya.


Sabía en mi interior adonde me conducían mis nuevos horizontes, pero una de las mejores lecciones fue entender que ese era mi camino personal, por lo que intentar alinear a alguien más a esa senda podía resultar caótico.


Comprender que otras orugas no inician aún su proceso fue crucial. Aunque estaba en otro nivel del camino, debía permitir que cada cual pudiera abrir sus alas en el momento indicado, sin forzar nada.


Agradezco mucho el respeto por ese proceso de pausa y también que este se diera en calma.


Respetar las señales significó retirarme de lo que me generaba peso, intensidad, compromiso innecesario, pesadumbre. Quedé libre para seguir avanzando en paz.


Mi concentración e impulso las dirijo ahora a actividades que me satisfacen y me realicen. Trabajo en habilidades y destrezas que me ayuden a desarrollar lo que quiero.


La vida tiene sus notas blancas y negras. No basta con sobrevivir, hay que saber vivir y me prometí vivir.


Y en eso me enfoqué. Ahora segura de que dos personas podían compartir una vida en común, pero no necesariamente fundir sus caminos personales.


Llegar a esa conclusión me permitió entrar en balance, porque para que mi energía pudiera funcionar armónicamente y mi sol brillar con total esplendor al mundo, necesitaba integrar otros placeres, otros equilibrios, nuevos enfoques.


Requería ver la seguridad y estabilidad de otra manera, lograr equilibrio entre placer físico y conexión emocional. Necesitaba construir, sin afán; poseer, sin apego, pero también disfrutar de lo tangible.


El que me visualizara hablando con las aves quería decir entrar en contacto con lo que me producía placer, goce, disfrute, bienestar; con todo aquello que me atrae como la escritura, los viajes, los libros, la música, el arte, la astrología y el mar.


Quería dar un significado estético diferente a mi vida, porque ya habían sido muchas las incursiones transformadoras.


Lo que requería en este momento era un espacio seguro para que el cuerpo y el sistema nervioso pudieran relajarse y calmarse.


Necesitaba cuidar más mi templo. La naturaleza, el mar y las aves hablaban ese himno.


 

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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