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Mis manos me recordaron que existían cosas buenas, sencillas y alcanzables.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Dicen que el principio de la sabiduría tiene que ver con trazar círculos en torno a tu vida, porque de esa manera tu radar está centrado en las cosas reales que merecen atención y de las que hay que ocuparse.


Al mirar en perspectiva, los círculos te permiten meter en ellos la gente importante de tu entorno (1), las cosas que vale la pena hacer y que sí puedes hacer (2), y en otro, aquellas fuera de tu alcance y control (3).


Tener bien definido ese juego fue una de las cosas que me propuse a partir de que alguien con más mundo que yo me hiciera entender la necesidad de dar importancia a lo que realmente vale y dejar de preocuparnos por tonterías todo el tiempo.


De manera que al entender que la vida es todo lo que tenemos, necesitamos hacer que valga la pena.


Después de confiar en el plan maestro y de entender que nada está fuera del alcance de ese sabio tejedor, comprendí que si algo yo debía hacer era centrarme en lo que estaba en mi ámbito para revertir cualquier proceso adverso.


A veces resulta que las pequeñas herramientas son las que permiten ahondar en los sentimientos más grandes y, cuando le quité poder a la mente y dejé de estar demasiado ocupada analizando el mundo, me sentí mejor.


Son esos reajustes los que nos ayudan a desenredar los nudos más grandes, nos hacen recuperar el norte y buscar la orientación precisa en medio de las tormentas, a pesar de que ellas –en ocasiones- traspasan nuestros límites.


Centrarme en el poder de lo pequeño, de lo que tenía a mi alcance, hizo que poco a poco recuperara mi paz.



Tiempo atrás no veía otra cosa que la tormenta, pero volcarme hacia este blog y a lo que podían hacer mis manos para canalizar lo que estaba en mi interior hizo que todo se fuera poniendo en calma.


Aprendí a darle importancia a los círculos estrechos y a restarle atención al comportamiento de la economía y de la política mundial porque definitivamente vivimos un tiempo convulso donde todo el tiempo afloran sensaciones que te hacen sentir a la deriva.


Y aunque los vendavales derriban estructuras y nos dejan en un paisaje cambiado, tras cambiarnos a nosotros mismos, hay que hallar una nueva manera de seguir adelante y combatir la desesperanza.


Porque, cuando nada parece encajar y todo se antoja incompleto, cuando el orden que siempre uno ha perseguido cede paso a una inquietud caótica, hay que buscar donde enfocar la atención para encontrar un poco de serenidad.


Evalué mis círculos y alejé de mi radio aquel sobre el que no tenía control, ni jurisdicción. Invertí el flujo y comencé a ver mi entorno de manera diferente. Dejé que las cosas fluyeran y poco a poco le di poder a mis manos, en vez de a mi atribulado cerebro.


Al tomar una pausa de esa incesante actividad en la que vivía y retomar la escritura como actividad esencial, me distraje de la ansiedad el tiempo suficiente para proporcionarme algo de alivio.


Notaba cómo se reorganizaba mi mundo y mi mente se quedaba atrás.


Mis manos tomaron las riendas y a través de este acto me entregué a algo más pequeño que mis miedos, mis preocupaciones.


Ese impás por así decirlo, ahora marcado por el ruido de las teclas, encauzaba mi mente en una nueva dirección.


Me conducía por un camino diferente y me alejaba del caos, del día a día, de las eternas presiones financieras. Hacer eso me llevaba hasta un lugar donde podía reflexionar tranquila y ver las cosas con más claridad.


Al distanciarme un poco y dejar que mi mente descansara de los pensamientos agotadores y los problemas complicados, conseguí recuperar mi fe en la capacidad para cambiar las cosas y seguir adelante.


Pude buscar soluciones más sabias, más accesibles, mas niveladas, más ubicadas en mi momento presente.


Hoy sé que esos pasos intermedios importan, porque la vida no está exenta de problemas, en su mayor parte persistentes. Pero, puede ser un alivio comprometerse con esa realidad más inmediata que cada uno tiene para que los agujeros no sean tan profundos.


Tuve que centrarme en lo pequeño para volver a pensar en lo grande. Y de ahí concluí que a veces los grandes problemas se vuelven más manejables si los contraponemos a algo más pequeño de forma deliberada.


El mundo es tan diverso, que cualquier actividad menor –por decirlo de algún modo- puede distraer el enfoque y ayudarte a reordenar tus pensamientos. Había necesitado que mis manos me recordaran que existían cosas buenas, sencillas y alcanzables.


Y son muchas las que se pueden hacer. Desde cocinar, plantar un huerto, hacer deporte, cuidar un animal, hasta volcarte en un proceso creativo, cualquiera que este sea, para evadirte un poco del ruido exterior, del impacto de las noticias.


Ante escenarios calamitosos y devastadores, cuando todo empieza a parecerme grande, aterrador e insalvable, cuando llego al extremo de sentir, pensar o ver demasiado, tomo la decisión de centrarme en mi mundo, en eso pequeño que yo puedo hacer.


Son mis manos las que toman el control cuando las circunstancias comienzan a agobiarme. Son ellas las que me proporcionan una sensación de plenitud en un mundo caótico y las que hacen que desvíe mi atención en la dirección opuesta.


Lo que ellas hacen posible, que es el proceso creativo que me lleva a este blog, está en uno de los círculos pegados a mi mundo porque ellas me ayudan a resguardarme temporalmente de cualquier tormenta.

 

 

1 comentario


thaymy71
thaymy71
hace un día

Que lindo Sissita !!. Esa es mi experiencia vivida .. hay una etapa en la vida que todo se derrumba .. pero cuando tienes la guía divina siempre hay un propósito ..El te enseña a soltar el control y dejarlo en sus manos ..eso lo aprendes poco a poco . Si no puedes controlarlo para que te afanas .. desenfoca tu mente de eso y enfócate en tener paz. El lucha por nosotros !!. La batalla es de Él y quien hace milagros es El .. Dios te bendiga !! Hermoso !!

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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