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En las entrañas de la montaña, un templo recuerda a Ramsés.

  • Foto del escritor: Sissi Arencibia
    Sissi Arencibia
  • 1 ene
  • 4 Min. de lectura


Cuando tuve ocasión de llegar a los templos levantados después del imperio medio y constatar la gracia de Abu Simbel, no pude dejar de preguntarme cómo los egipcios pudieron edificar con ese nivel de monumentalidad.


El templo se divisa desde el horizonte y su gracia, como alguien dijera una vez, sobrepasa la mirada de lo posible. Muchos milenios pasaron y sigue majestuoso, sin nada que lo circunde, entre las arenas que limitan a Egipto con la tierra de Nubia.


Ubicado en la ribera occidental del lago Nasser, a 231 kilómetros de la ciudad de Asuán, el emplazamiento es una especie de alto relieve tallado en la montaña, una masa esculpida sobre la roca y soportada por figuras colosales.


Le llaman la morada de millones de años o el Gran Templo de Ramsés II, el faraón de la dinastía XIX cuyo largo reinado le llevó a manejar la monumentalidad como plataforma de poder y el culto a su persona, como forma de sellar una dominación.


Moldeado por Ra, según la creencia antigua, y sabedor de aquello que más respeto inspiraba a los egipcios, hizo levantar un monumento basado en la divinidad de su figura, en el apogeo de su gloria.


Para quien manejó el mito y el poder durante 67 años, Abu Simbel debía mostrar su “esencia divina” unida al aspecto guerrero que le confirió la batalla de Qadesh y, de esa manera, asegurar la obediencia de los nubios.


A diferencia de la grandeza militar de Tutmosis III, el poderío de Ramsés estuvo en la recreación pomposa de esa gesta, con la que esculpió un complejo orientado hacia el sol, de los más bellos de Egipto.


El lugar donde se levanta no es casual: debía demostrar que el poderío del faraón está en todas partes.


La inscripción fundacional del templo lo indica así: “Una casa labrada en la pura montaña de Nubia, de arenisca fina, blanca y perdurable, como una obra para la eternidad”.


La gloria de su reinado fue montada sobre este tipo de engranajes en enclaves alejados del poder de Tebas, la capital del país del Nilo, y sus núcleos principales, como recordatorio de sometimiento y respeto.


Por eso se dice que Ramsés II no necesitó ganar la batalla contra los hititas. Con solo pelearla y recrearla tan magnificentemente, fue suficiente para dejar su sello e impronta en el imaginario egipcio.


La majestuosidad del conjunto habla del poder del soberano, a quien se identifica con un dios desde el exterior hasta la zona más sagrada, para evitar que hombre alguno se atreviera a atacar semejante despliegue de fortaleza.


Alzar un templo como ese en un punto tan distante, rodeado por el desierto, tenía una lectura para los habitantes de esas tierras.


Además de ser un regalo para los sentidos por las imágenes fabulosas esculpidas en las paredes, Abu Simbel es parte de los misterios y esplendores que están detrás de todo lo que se mueve en esta nación.


La construcción de la presa de Asuán en el siglo XX para canalizar las aguas del Nilo y dar energía al Egipto moderno, lo vuelve a traer al contexto de la historia por la dimensión faraónica de lo que se necesitó hacer allí.



Luego de ser desenterrado de la arena en la etapa colonial tras el olvido histórico en que quedaron los grandes monumentos de la nación, Abu Simbel se enfrentó al temor de quedar hundido para siempre en las aguas de la represa.


A fin de conservar su luz y la grandeza edificada por los antiguos, fue movido en épocas modernas 200 metros montaña arriba.


Desmantelarlo como un puzle, cincelarlo en piezas precisas y elevarlo en una nueva ubicación con todo y montaña fue uno de los mayores desafíos de la ingeniería arqueológica que se recuerde en la historia.


Eso fue tan impresionante como su construcción, porque además de mover la fachada y las columnas, recrearon el templo con todo su interior.


Abu Simbel está dedicado a la figura de Ramsés II y a las grandes deidades del antiguo Egipto (Amón, Ra y Ptah). Pertenece al amplio legado dejado por este faraón, quien gobernó desde el año 1279 al 1213 a.c.


Compuesto por dos templos, el suyo y el de su esposa Nefertari, el complejo tardó 20 años en levantarse.


Alberga cuatro estatuas colosales del faraón esculpidas en la roca de la fachada, de unos 33 metros de altura. Todas lo representan sentado en un trono con la doble corona (Alto y Bajo Nilo) y cada una soporta la estructura para lograr la estabilidad del templo.


Parte de su grandiosidad radica en la impresión de que surge de las entrañas de la montaña.


En su interior hay un santuario, salas de ofrendas y el templo solar, donde se muestran las victorias militares en Siria, Libia y Nubia y los quehaceres diarios del soberano ante los dioses.


Además de la orientación del sol, en el conjunto se respetaron códigos sagrados.


En determinada época del año los rayos solares penetran al santuario, dando luz a tres de las cuatro estatuas, dejando en penumbra la del Dios Ptah, alusivo al inframundo.


Abu Simbel es de las mayores atracciones del viaje, pero, más allá de eso, es uno de los más ilustrativos ejemplos del legado de ese pueblo longevo y eterno, que trascendió el tiempo.


Tal vez porque vivió con pensamientos más sabios, o porque fue una cultura que vio surgir y caer cualquier cantidad de civilizaciones antiguas, lo cierto es que destacó por su continuidad histórica.


Sus grandes períodos de estabilidad le ayudaron a montar su historia y el resultado es la permanencia en el tiempo.


No hay que olvidar que mientras Occidente guerreaba, ellos se ocupaban de tallar obeliscos, levantar templos, dominar las aguas, cuadrar su astronomía, desarrollar la escritura y crear columnas de 30 metros de altura para los templos de Karnak.


Cuando Europa estaba en la Edad de Bronce, ya ellos tenían los papiros, las pirámides, la esfinge y el libro de los muertos.


Sobre su cultura giraba todo su mundo y por eso fueron esenciales en cada una de las vertientes históricas.

 

 

 

1 comentario


estrehernandezfuentes
hace 3 días

Disfruto mucho tus magníficos escritos sobre temas tan interesantes como el de esta publicación, xq además siempre incorporo mucho aprendizaje nuevo al conocimiento q tenía sobre este .

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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