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Mafalda sigue sentada en un rincón de nuestra memoria.

Foto del escritor: Sissi Arencibia
Sissi Arencibia
hace 10 minutos
3 min de lectura

Hay personajes que nacen para entretener y otros que, sin proponérselo, terminan formando parte de la memoria sentimental de generaciones enteras. En Argentina, ese es el caso de Mafalda.


La pequeña, de cabello negro y mirada inquieta, que desde las tiras cómicas de Quino aprendió a cuestionar el mundo, de manera perspicaz y con una lucidez que desarma.


Un personaje que mezcla irreverencia, inteligencia y una saludable dosis de sarcasmo para denunciar las injusticias y desafiar el statu quo, con una franqueza desconcertante.


Su mayor virtud era hacerse preguntas. Preguntas sobre la guerra, la injusticia, la pobreza, la política, la educación y el futuro. Preguntas que muchas veces los adultos evitaban responder. Y eso la fue convirtiendo en la voz de una conciencia universal.


Mafalda soñaba con un mundo mejor y sufría al descubrir que la realidad no siempre estaba a la altura de sus ideales. Quizás por eso millones de lectores se reconocieron en ella.


Era el personaje central de las historietas de Quino, cuyo humor trascendió todas las barreras para convertirse en un mito. Desde la sencillez de un barrio cualquiera, aquella niña consiguió hacer reír mientras invitaba a reflexionar.


Mafalda es un retrato tierno, brutal, satírico y entrañable de la clase media argentina. A pesar de sus cuatro años, es una adulta convertida en niña, porque es irreverente, iconoclasta y con un profundo desprecio por la autoridad, a la que cuestiona sin parar.


A su alrededor giraba un grupo inolvidable de personajes: el soñador Felipe, la práctica Susanita, el irreverente Manolito, el sensible miguelito y el pequeño Guille. Cada uno representaba una forma distinta de mirar la vida.


Entre juegos infantiles, conversaciones familiares y ocurrencias de sus amigos, se escondían profundas observaciones sobre la condición humana. Todos iban enriqueciendo un universo, donde el humor y la crítica social caminaban de la mano.


Dentro de la radiografía cultural argentina, las tiras cómicas hacen de ese país una potencia gráfica. Además de la capacidad de haberse sabido narrar, han transmitido la visión de un continente a través de ellos mismos.


Esa precariedad permanente y la fragilidad que muestra en el retrato de la clase media, proclive a naufragar con cualquier crisis, hace que los cuestionamientos de Mafalda engloben a todo el continente.


En el cuadro de América es común el hombre que aspira a tener muchas cosas y no logra tenerlas; aquel que a pesar del trabajo duro, no le alcanza, y el que vive a merced de los vaivenes de la economía y de las cuentas.


Una aguda percepción de las aspiraciones de esa clase, la cual siempre está a media marcha entre lo que quiere alcanzar y lo que realmente alcanza, no las brinda Quino a través del padre de la niña.


Y esa manera de satirizar hizo que, con el paso del tiempo, Mafalda dejara de ser una historieta argentina para convertirse en un símbolo nacional.


Sus palabras cruzaron fronteras, idiomas y generaciones, haciendo que el humor de Quino haya que leerlo y mirarlo.


El ilustrador supo recrear a través de las tiras cómicas el ambiente geopolítico de su país y del mundo, los terrores de la guerra fría y lo que estaba pasando en el contexto de América en la década de 1960.



Esos arquetipos se publicaron en muchas viñetas hasta que, en los años 70 Mafalda se internacionaliza a través del exilio, viaja en las maletas de quienes huyeron del país y se convierte en símbolo de resistencia.


Justo en ese tiempo, la niña que salió del barrio de San Telmo reveló lo que América Latina quería oír y al ser trabajada desde todos los contextos (libertad interior, opresión, aspiraciones), el humor de Quino se convierte en un ícono.


Sus inquietudes siguen vigentes porque las preguntas que ella formulaba continúan resonando en nuestra época.


Leerla es reencontrarse con la capacidad de asombro. Es recordar que el humor puede ser una herramienta para comprender la realidad y que, a veces, una niña pequeña puede expresar verdades que los adultos han olvidado.



Por eso, décadas después de su creación, Mafalda sigue sentada en un rincón de nuestra memoria, observando el mundo con curiosidad y preguntándonos si ya hemos aprendido a construir ese futuro justo y humano que tanto anhelaba.


Gracias a esas preguntas, la esperanza sigue teniendo voz.

 

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Sobre este blog

Mis pasos han tenido la suerte de andar muchos caminos. Algunos con curvas que me hicieron caer; otros filosos en los que superé pruebas dolorosas y muchos gratificantes, que me llevaron a cumplir el sueño de explorar el mundo. Leer más.

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